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El ser padre y madre no es fácil. Es un proceso de aprendizaje en nuestra vida, mientras nuestros hijos van creciendo día a día con sus innumerables experiencias. Cuando por primera vez sostenemos la manita de nuestro hijo o hija junto a la nuestra, aún en ese instante, no tenemos ni la vaga idea de la sabiduría, el cómo hacer, y la paciencia que se requiere para ser madre y padre. El amor en nuestro corazón va creciendo durante los años, y nosotros crecemos en nuestras relaciones con nuestra familia y con Dios, quien nos da la fortaleza, amor y perseverancia que necesitamos día a día. |